martes, 27 de septiembre de 2016

Valor de una buena obra.










El valor de una buena obra que realizamos es muy grande, puesto que al igual que una piedra cuando es arrojada al lago, genera una serie de olas que desde el centro se extienden hacia las orillas; así también cuando hacemos una buena obra, las influencias de ella se extienden hasta regiones desconocidas, no sólo en la tierra, sino más allá, incluso hasta el Purgatorio.
Cuántas personas que eran pecadoras y estaban a punto de condenarse, quizás se salvaron porque en su infancia, juventud o adultez, habían realizado una buena obra, y Dios la tuvo en cuenta para darles la conversión y salvación a sus almas.
Por eso no tenemos que perder tiempo y aprovechar esta vida para realizar buenas obras, porque así tendremos un tesoro en nuestro haber, y cada obra realizada en gracia de Dios y por amor a Dios y a los hombres, tendrá un valor casi infinito y nos acompañará al tribunal de Dios para nuestro Juicio particular a la hora de nuestra muerte, y también en el Juicio Final al fin del mundo.
Dios es infinitamente Misericordioso, y nos ha concedido este tiempo de vida sobre la tierra para que lo aprovechemos a dar frutos, a hacer buenas obras. No lo malgastemos en pasatiempos inútiles, e incluso pecaminosos, sino usémoslo para hacer el bien, para tener un tesoro en el Cielo, y obtener la protección de Dios en la tierra y más allá de ella.
Tengamos hambre y sed de realizar buenas obras, porque así nos iremos escapando cada vez más de las garras del Maligno, y nos aseguraremos el Paraíso para nosotros y para quienes amamos.
Además, evitemos hacer obras malas, porque también en el mal, cada obra mala realizada es como un peso, un lastre que nos va empujando al fondo del Abismo infernal.
En definitiva es lo de siempre, no hay nuevas verdades, sino que Dios nos manda siempre que hagamos el bien y evitemos el mal, cosa que a veces se nos olvida y, en la vorágine del mundo y de ver que todos mienten, o todos traicionan, o muchos son malos, también nosotros terminamos imitándolos y, como dice San Pablo: “No hacemos el bien que queremos, sino el mal que no queremos”.
Es tiempo de rectificar nuestra intención, de volver a obrar bien y hacer obras de misericordia, porque no otra cosa es la religión católica, que nos enseña a ser buenos, como Dios es Bueno. Pensemos en ello y obremos en consecuencia.

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